Te encontré sentada en banco llorando. Entré en mis cabales cuando reparé en el ruido de vidrios rotos. Vidrios que caían uno a uno haciéndose añicos, a medida que tocaban el suelo y yo ahí.. mirando el desmoronarse de todo un plan, y sin encontrar (no hay peor ciego que quien no quiere ver) solución alguna que estuviera a mi alcance.
En el principio todo estaba diseñado, desde las aristas hasta el mismo núcleo de lo que iba a ser mi relación con la vida pero, como todo mortal, me encontré sometido a la Fortuna; quien decidió darle una vuelta de tuerca más a la misma, para convertirla así en todo eso que no esperaba.
Pero Distinto no siempre es Malo, y de hecho en este caso el fruto resultó ser todo lo contrario.
Quizá lo apropiado sea abrazar cada giro del destino, y acompañar a la corriente, en vez de tratar de dominar el caudal de este río.
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