martes, 5 de enero de 2010



Y fue a ella a quien dejo de importarle el cómo y el cuándo, el dónde y el porqué.
Ella solo tenía ojos para el qué, y el qué era eso, y eso era el día, su presente, su hoy.

Y a veces siente que despega y fluye por entre ráfagas de viento que, unas veces son brisas, y otras, turbulencias..
Pero su consciencia le advierte que lo que importa es el hoy, no el cómo.

Y por instantes siente que su vida está compuesta de incesantes dejà vus; no entiende de argumentos temporales. A veces su ayer es futuro y su mañana es pasado. Pero siempre recobra la compostura; vuelve a sus cabales, y resuelve que lo que importa es el hoy, no el cuándo.

Y de a momentos quiere saber cuál es su lugar, necesita saber que su paradero es real, que ella existe y, en algún lugar, está presente. Incluso con esos fuertes tormentos en la cabeza, su instinto le recuerda que lo que importa es el hoy, no el dónde.

No obstante, y por encima de todas las cosas, la mayor de sus perpetuas distracciones es la raíz de su presente, el móvil, la razón que trae como fruto el qué; el hoy. Le urge conocer el porqué y sus entrañas arden en ansiedad. Es que es ésta la mayor espina de su rosa y sabe que jamás va a poder quitarla del camino. No sin antes padecer.

Y fue a ella a quien dejo de importarle el cómo, el cuándo, y el dónde.

domingo, 3 de enero de 2010

My new year's resolution

En este 2010, me comprometo a tratar de comprometerme a realizar los siguientes puntos..

Desatar los nudos en el pecho que tienden a nacer inesperadamente ante cualquier posible cambio súbito de humor.
Aprender a diferenciar la nostalgia de la tristeza, dos locas que a simple vista parecen ser una.
Buscar más excusas para sonreír, no evitar aquellas que invitan a llorar.
Disfrutar más de las cosas simples.
Dejar de ver, para empezar a mirar. Dejar de oír, para empezar a escuchar.
Frecuentar tanto como sea posible a la felicidad; a vos, amigo.
Aprender a disfrutarme, aprender a disfrutarte.
Notar los cambios, esos que sí valen la pena que implica el mero hecho de crecer.
Verme menos en el espejo, identificarme más en una palabra.
Tomar más agua.
Integrar más mi familia.
Amigarme con la empatía, y respetar.. respetar (y no por lo tanto adular), a quien supo siempre estar a mi lado. Ni adelante, ni atrás.
Esperar, y detenerme a dedicar caricias, cada vez que el reloj me inste a correr y a apurarme hacia esas cuestiones banales y trascendentes que sé, mañana voy a olvidar.

Y tomarme realmente en serio, el lograr que mi vida este compuesta de momentos que aceleren mi pulso y quiten mi respiración..