martes, 5 de enero de 2010



Y fue a ella a quien dejo de importarle el cómo y el cuándo, el dónde y el porqué.
Ella solo tenía ojos para el qué, y el qué era eso, y eso era el día, su presente, su hoy.

Y a veces siente que despega y fluye por entre ráfagas de viento que, unas veces son brisas, y otras, turbulencias..
Pero su consciencia le advierte que lo que importa es el hoy, no el cómo.

Y por instantes siente que su vida está compuesta de incesantes dejà vus; no entiende de argumentos temporales. A veces su ayer es futuro y su mañana es pasado. Pero siempre recobra la compostura; vuelve a sus cabales, y resuelve que lo que importa es el hoy, no el cuándo.

Y de a momentos quiere saber cuál es su lugar, necesita saber que su paradero es real, que ella existe y, en algún lugar, está presente. Incluso con esos fuertes tormentos en la cabeza, su instinto le recuerda que lo que importa es el hoy, no el dónde.

No obstante, y por encima de todas las cosas, la mayor de sus perpetuas distracciones es la raíz de su presente, el móvil, la razón que trae como fruto el qué; el hoy. Le urge conocer el porqué y sus entrañas arden en ansiedad. Es que es ésta la mayor espina de su rosa y sabe que jamás va a poder quitarla del camino. No sin antes padecer.

Y fue a ella a quien dejo de importarle el cómo, el cuándo, y el dónde.

1 comentario:

  1. Lean esto que escribiste es genial. Y las fotos así las hacen las almas en cualquier parte del mundo.
    Un beso voy a seguir leyendo

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