Fueron hacia donde se encontraba el hombre y le preguntaron cuál era el sentido de la vida.. el hombre no ofreció respuesta inmediata, sino que permaneció callado unos instantes, con una expresión insondable. Pasaron horas y seguían sin respuesta. Tanto agobio puso a los hermanos a pensar. Fue al amanecer cuando el menor de ellos giró sobre sus talones y se fue por donde había venido. Fue él, el único que comprendió que existe una diferencia entre conocer el camino, y transitarlo, que la vida no se trata de llegar a entenderla, sino más bien, trata del constante desencuentro y encuentro con la felicidad.. de entenderse uno mismo, de conocerse, de reír, de llorar, de amar, de odiar, de nacer, y también de morir. De ser persona hasta el punto en que persona se nos permita ser, y que quien determine esto último, no sea nadie más que nosotros mismos.
De acordarse más a menudo de lo atractivo que resulta ver esa película tapado hasta el cuello en un día gris, de lo bello de esa mujer a la que se ama, y de lo increíble de esa canción que no se gasta..
De lo terrible de un cigarrillo, de la amistad de quienes comparten un porrón, del éxtasis de bailar, de la amargura que genera la impotencia de llorar sin motivo aparente.
De tomarte algún momento, de alguna noche, de algún día, para subir a tu terraza y mirar el cielo, y preguntarte una vez más, por qué carajo naciste siendo persona y no caracol. Y preguntarte también quién carajo nos puso acá, y habrá puesto a alguien más en algún otro lado!? Y maravillarte con la idea de que quizá haya algún otro boludito sentado en alguna de las tres Marías haciéndose exactamente la misma pregunta.
Trata la vida, opino yo desde mi humilde lugar, de entender que ningún gato negro ni ninguna escalera, podrían jamás determinar nuestra fortuna. Pues es desdichado aquel que con desdicha se trata. Es estúpido aquel que estupideces hace. Es feliz aquel que no pregunta por qué.
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